Desde MusaLírica, y ya que nos encontramos en tierras italianas, hacemos un especial homenaje al Grandísimo Director de Orquesta Arturo Toscanini, recordandolo con cierta nostalgia. Esta recopilación de artículos está dedicada a todos aquellos que todavía se emocionan escuchando sus ensayos y su música.
Algunos recuerdan más sus ataques de furia que su música. Cuando Arturo Toscanini se enfadaba, lo hacía en serio: una vez el italiano aplastó con su pie un reloj de bolsillo. Otra vez, pateó el atril. Y la batuta destrozada se convirtió casi en su seña de identidad. Pero el rigor con el que se exigía perfección a sí mismo y a sus músicos lo convirtió en maestro assoluto, celebrado, admirado y venerado en todos los escenarios del mundo, desde Nueva York a Milán.
Una serie de discos que recogía parte de su legado discográfico se titulaba Maestro furioso. Un músico matiza: "Su don divino era sacar de nosotros todo lo que llevábamos dentro". El director de orquesta como maestro, como padre, como Dios, un Dios con batuta. La autoridad como vía hacia la excelencia que desembocará en el perdón agradecido del súbdito. Una personalidad musical y humana de un raro atractivo.Siempre había sido Toscanini bien consciente de su valor. A los diecinueve años, siendo violonchelista, debutaba como director, en Río de Janeiro, en una sustitución de última hora dirigiendo Aida de memoria (siempre dirigirá de memoria un repertorio imposible: seiscientas obras de doscientos compositores). La verdadera razón era, al parecer, su mala vista. Luego vendrá La Scala y una plétora de estrenos empezando por Pagliacci, La Bohème y tres de las Cuatro piezas sacras de un Verdi de cuyo homenaje musical a su muerte será responsable. Y enseguida el Metropolitan de Nueva York y la fama universal. Ese italiano bajito y con bigote, pinturero y requiebrador de cualquier mujer que se pusiera a tiro, estaba revolucionando la Dirección de Orquesta. Allí -donde coincidiría con Mahler, cuya música no le interesó nunca- se encontrará con Geraldine Farrar y se enamorará de ella. Decide irse. Le pagan poco y la glamurosa soprano le atrae peligrosamente para su carrera. "Soy una estrella", le dice ella. "Tenga cuidado. Cuando brilla el sol las estrellas no se ven", le contesta él.
Beethoven, Verdi, Elgar, Shostakóvich eran cambiados por la pluma del maestro sin darle importancia a cualquier acusación al respecto, que también las hubo. Pero las críticas no suficientemente aduladoras fueron vistas siempre como el producto de algún resentimiento de sus -escasos- autores. Sólo las autocríticas eran más duras que las descalificaciones de sus colegas. Cuando algo salía mal en una actuación, Toscanini decía: "Siempre es mi culpa. Si alguien cree que Mozart, Beethoven, Wagner o Verdi se equivocan, es un idiota".
Un primer periodo de agotamiento y vuelve a Nueva York, en plena Depresión, para ganar la cifra astronómica de 110.000 dólares por diez semanas de trabajo. Cruza el Atlántico con frecuencia y vuelve a Italia hasta que en Bolonia se le pretende obligar a dirigir el himno fascista y se rompe la baraja. Dirige en Bayreuth pero en el templo de Wagner sólo le aprecia Siegfried, el hijo del compositor. Allí trabajará gratis hasta que Hitler llegue al poder y manifieste sus intenciones. Toscanini será claro: "No quiero nada con el diablo". El otro diablo, Mussolini, le vigila y pide que le envíen directamente a él los informes de la policía sobre su conducta. La Filarmónica de Viena y el Festival de Salzburgo serán su consuelo hasta que, tras la anexión de Austria, decida marcharse no sin antes firmar una carta en contra de los acontecimientos. La siguiente etapa será Palestina, la recién creada Orquesta Filarmónica de Israel.
A los setenta años, en 1937, le contrata la National Broadcast Corporation, la NBC, que funda una orquesta para dar a sus emisiones un toque de calidad en un momento en que a la emisora americana se la criticaba por lo contrario. En 1948 aparece en el primer concierto televisado de la historia. El ocaso asomará seis años después. Mientras dirige la Bacanal de Tannhäuser de Wagner, debe parar. La emisión se interrumpe, suenan los primeros compases de una grabación de la Primera de Brahms. Toscanini se recupera y llega hasta un final que es el principio del suyo. Al enterarse de la muerte de su mujer, que su familia le había ocultado durante un tiempo, se encierra en su habitación para entrar poco después en coma y morir el 16 de enero de 1957.
Toscanini impondrá una visión del Director de Orquesta omnisciente y poderoso, intratable en los ensayos, violento en el trabajo pero encantador en la calle, sabedor de que su aura todo lo transforma. Él supo hacer que el referente en la Música Clasica fuera el Director de Orquesta. La situación hoy en día es muy diferente. La verdad es que el fenómeno es irrepetible. En lo que toca a la popularidad, a la divinización del oficio de dirigir una orquesta, sólo Herbert von Karajan se le pudo acercar después.
A continuación se transcriben las indicaciones furiosas del Maestro durante los ensayos de Fra Gherardo, de Ildebrando Pizzetti, en Alla Sacla de Milán (abril y mayo de 1928).
Anotaciones del maestro Giovanni Passari sobre la partitura de Fra Gherardo de Ildebrando Pizzetti, relativas a las observaciones de Toscanini durante los ensayos en la Scala, el 15 de abril y el 11 de mayo de 1928. El número de las páginas citadas corresponde a la partitura de la ópera publicada, en 1918, por Ricordi.
PÁGINA 1 (Comienzo de la ópera. Molto largo):
Lento, lento, cansado, cansado. Realmente este comienzo da la impresión de una tarde de verano, sofocante, pesado.
PÁGINA 36 (n. 14):
En suma, más sentido, más fuerte el corno; piense que es un personaje importante que va a decir: "Estoy aquí". ¿Está permitido? ¿Cómo está? ¡Un café
PÁGINA 38 (n. 15): [A las trombas]
¡Bravos! ¡Lindo ese tresillo! ¡Bravo! ¡A usted lo nombraremos intendente, intendente de Milán, y usted será el sustituto! Divídanse las octavas, ignorantes. [ De improviso, ejecutan bien el tresillo. ] Les regalaré una fotografía con un beso.
PÁGINA 54:
¡Semicorchea! ¡Un beso también para ti! ¡Un error! [Uno de los músicos le dice: "Maestro, está escrito fusa".] ¿Es cierto, Pizzetti? [Pizzetti responde: "Sí, Maestro".] Bravo, tiene razón, pero a mí me gusta más semicorchea.
PÁGINA 63 (n. 27. Largo ): [A los trombones]
¡Trombones! ¡Trombonachos! ¡O son sordos o son mis enemigos y me deben de odiar! ¿No se escuchan?
PÁGINA 68:
¡Está sucio! ¡Está sucio! Las armonías, piano. ¡Piano! ¿Saben cuáles son las armonías? Esas notas largas, larguísimas, que no terminan jamás; como ustedes, de hartarme.
PÁGINA 70 (n. 31):
¿Usted es un corno? ¡Usted es la deuda pública! ¡Usted me ha arruinado este pobre oído! ¡Burro! ¡Debería ser cura, no músico!
PÁGINA 75 (Seis compases antes de 35):
¡Sí, sí, es hermosa su voz! ¡Todos están enamorados de ella; yo no, sin embargo! ¡Seré un cretino, pero no me gusta! También yo oigo que es una hermosa voz, sí, es una hermosa vocecita, agradable [...]. Sí, hasta va a tiempo, pero no canta nunca, no tiene expresión.
PÁGINA 79 (Mariola: "Grande e bello e forte egli era..."):
¡Bravos! ¡Bravos! ¡Bravos! ¡Todos los burros tocan así! [Los músicos repiten el pasaje.] ¡No! ¡No! Lo son un poco menos, pero son siempre burros, siempre se les ve la hilacha. [Vuelven a repetir. ] ¡No! ¡No! Son unos ignorantes. Si debieran pasar los exámenes, se irían todos de paseo. [...]. [ Uno toca mal con el arco. ] ¡No! ¡No! No toquen así, no toquen como campesinos, faltándome el respeto! ¡Cuando se toca como ustedes, se deben aceptar todos los insultos! ¡Yo me siento continuamente insultado por la manera de tocar que tienen!
PÁGINA 80 [A los violines]
¡Bravi! ¡Bravi! ¡Pero hagámoslo mejor! ¡Es fácil pero precisamente porque es fácil es difícil!
PÁGINA 83 (n. 409):
¡El tresillo de los contrabajos nunca está bien! ¡Siguen siendo burros, burros! ¡Es el destino de ustedes! ¡Es el sino de ustedes! ¡Su condena! ¡No! ¡No! ¡Disculpen si insisto! ¡Es una estupidez, es fácil, pero no está bien!
PÁGINA 86 (n. 41):
¡Ve, corno inglés, usted no tiene expresión! ¿Escucha cómo las violas lo hacen bien? ¡Háganle escuchar cómo lo hacen bien! ¡Bravi! ¡Toque bien también usted!
PÁGINA 143 (n. 74. Largo e suave):
¡Vamos! ¡Ha sucedido! ¡Violonchelos! ¡Ha sucedido! ¡Por lo tanto, cansancio, holgazanería! ¡Voluptuosidad! ¿Pero qué tienen en la sangre? [Los músicos repiten el pasaje.] ¿Son instrumentos? ¡Son máquinas de hacer café! [Vuelven a repetir.] ¡Nada! ¡Nada! ¡No hay nada! ¡Váyanse a casa! ¡Fuera, fuera todos! ¡Basta! [Mientras se va lentamente hacia el fondo de la sala, repite de continuo:] ¡Burros, burrazos, requeteburros, burros, reburros!
PÁGINA 143 (El día después, siempre en el número 74):
¡Vamos de una vez! ¿Pero no entendieron, obóes, de dónde retomo? ¿Qué hacen allí, hechizados, en las nubes como soñadores? ¿Pero fuman opio, quizá?
PÁGINA 148 (Fra Gherardo entona "Ave Maria"):
¡Listos para seguirme! ¿No ven que por momentos es más lento, por momentos más rápido? ¡Vamos, así, atentos! ¡Es difícil, es difícil! Pero yo quiero hacerlo y bien. ¡Debo hacerlo! ¡Hacerlo bien! ¡Soy un viejo director de orquesta, tengo por lo tanto la obligación de hacerlo bien, que es igual a mi sentimiento!
PÁGINA 192 (Fra Gherardo: "Caí en pecado mortal"):
¡Cuántos pecados tienen todos ustedes en el alma!
PÁGINA 243 (Fra Gherardo: "Pero si allá al fondo un sol ves arder"):
¿Por qué hablan? ¡No hay nada que decir aquí! ¡Aquí cada uno debe leer su parte! Yo, en cambio, tengo que dirigir, y debo sin embargo hablar con frecuencia, pese a que estaría muy contento si no debiese hablar nunca... ¡Eso significaría que ustedes tocan bien!
PÁGINA 373 (tercer acto, n. 2): [Al barítono, Edoardo Faticanti, en el papel del obispo.]
¿Pero qué tiene en la lengua que no puede hablar adagio? ¡Adagio, por Dios! ¡Cabezón, cabezón! ¡Todos los días la misma cosa! ¡Nunca me tocó un cabezón como usted! ¡Y mire que cabezones tuve muchísimos! ¡Pero cabeza dura como la suya nunca me había tocado!
PÁGINA 433 (n. 35. Andante grave, piano però intensissimo):
¡Así, así, quiero yo! ¡Cantar, no solfear! [Repiten el pasaje.] ¡Así, así como hacen ahora! ¡Pero a ese no le diré nunca nada! [ Sin señalarlo. ] ¡Porque toca bien, canta! [Todos miran curiosos para ver de quién se trata.] Sí, aquel, sí, Serafini: bravo. ¡Gracias! ¡Tú tocas como se debe! ¡Disculpa si he ofendido tu modestia! ¡Pero a veces también yo necesito parir alguna vez, si no, reviento! ¡Canten! ¡Canten! ¡Así, como hacen ahora, y en todas las obras, en todas deberían tocar así!
PÁGINA 478 (n. 51) (El obispo: -Abajo a quién. A los óleos del Señor):
¡Cornos, lean bien! ¡Murmuren, piano! ¡Piano! ¡Piano! ¿Abajo a quién? ¡A ustedes! ¡Ustedes no están ungidos! ¡El Señor los ha dejado secos! ¡No le sirven a nadie!
PÁGINA 502 (Largo) (Gherardo: "Hermanos, oh mis hermanos"):
¡Tromba, escuche el oboe! La-la-mi-si. ¡Escuche! También el mi tiene un valor. Trátelo bien aunque es pequeño. ¡No le dé una patada en el culo porque es pequeño! ¡Sea generoso!